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Hacer danza me cambió la vida


Desde muy pequeñita me gustó bailar, pero no fue hasta mis 16 años que tomé una clase oficial de danza y mi vida cambió totalmente.


La danza ha estado presente en la vida del ser humano posiblemente desde que fuimos concebidos, me gusta pensar que dimos nuestras primeras piruetas dentro de la placenta de nuestra madre.


Eso es algo que me gusta mucho de la danza moderna que te permite explorar el movimiento sin reglas o cánones establecidos, te deja bailar entrando en contacto con lo más profundo de tu ser.


Justamente, mi primera clase de danza fue junto a la profesora de danza moderna Silvia Fernández. A sugerencia de mi tía, mi mamá me puso en un curso de verano. Fueron las mejores 4 semanas de mi vida hasta ese momento, ya que nunca había pasado tantas horas seguidas aprendiendo a bailar.

Siempre me había gustado bailar, pero no había tenido la posibilidad de tomar clases porque mi papá era militar y viajamos mucho. Sin embargo, siempre terminaba de figura en los bailes de la escuela. Se podría decir que mi primera maestra fue mi hermana mayor, que, siempre que se enteraba que iba a bailar en la escuela o que había audiciones para ocupar las primeras filas ella me preparaba aconsejándome como enfatizar mis movimientos, si ella me decía exagera la cabeza, yo no paraba de moverla todo el baile.


Aunque la danza moderna fue mi introducción, no fue la técnica que más estudié, ya que después de ese curso de verano, me fui de intercambio y tuve que poner en pausa mis estudios de danza, pero a partir de ese momento no desperdicie ninguna oportunidad que se me presentara para danzar.


Justamente, durante mi intercambio tuve muchas oportunidades de bailar y si no había me las conseguía. Mis papás de intercambio, personas maravillosas, se habían encargado de decirle a la directora de la escuela a la que asistí que una de las cosas que más me gustaba hacer era bailar y tuve la suerte de caer en un país, una ciudad y una comunidad que apreciaba la diversidad, el arte y la cultura extranjera.


Durante mi intercambio en Canberra Australia, mi colegio llegó a participar en un concurso de baile gracias a mi interés por bailar y aunque no recuerdo el nombre de la profesora de educación física que hizo posible que se abriera un “After School Dance Program” le estaré eternamente agradecida.


Justamente, este tiempo lejos de mi país, mi familia y amigos, me hizo darme cuenta que tenía mucho que aprender y que la danza era la gran primera pasión de mi vida….

Jamás olvidaré el papelón que pasé cuando por accidente caí en una clase avanzada de danza contemporánea que estaba abierta al público, fueron las dos horas más terribles de mi vida porque no conseguía seguir ningún paso. Sin embargo, aunque esa experiencia podría haberme alejado para siempre de la danza, ya que la profesora no había sido muy comprensiva ni alentadora, se convirtió en el motor que me llevó a querer recuperar todo el tiempo perdido.

De esta manera, cuando regresé a mi natal Cochabamba Bolivia, comencé a buscar oportunidades para tomar clases. Si crees en el poder de la atracción, pues ese fue el caso, a la semana de mi regreso se me presentó la oportunidad de tomar clases de forma gratuita.



Antes de irme de intercambio formaba parte de un grupo de teatro juvenil de una compañía de espectáculos llamada “Tra-la -la” que había fundado el llamado “Café Concert” en mi país. De esta manera, conocí al que sería mi mentor y pareja de danza por más de 20 años, Henry Suárez quien acababa de tomar la dirección del cuerpo de baile de la compañía. Al mes, me invitaron a formar parte del mismo y así comenzó una larga carrera sobre los escenarios de mi país.


Paralelamente a mis clases de jazz comencé a tomar cualquier taller o curso que llegaba a la ciudad y comencé a explorar varios nuevos estilos de danza como el belly dance, el hip hop y ocasionalmente la danza moderna.


No fue hasta mis 25 años que tomé mi primera clase de ballet, un poco tarde para mi edad me dirán… para mi suerte me encontraba en Carcasona Francia, acababa de terminar la Universidad y había conseguido una beca trabajo como asistente de lengua española a través de la Alianza Francesa que me había llevado al país de los cátaros.

Mis mañanas consistían en trabajar en dos escuelas del lugar y por las tardes tenía tiempo libre para bailar. Así fue que comencé a averiguar la manera de tomar clases de danza. Francia es un país maravilloso que cuenta con las llamadas “Casas de la Juventud” donde uno puede tomar clases gratuitas de todo lo que se imagina, pero estas no eran regulares y yo estaba acostumbrada a bailar todos los días, así es que además de tomar estas clases una vez a la semana, me las ingenie para encontrar otras dos academias, una de hip hop y otra de ballet. Afortunadamente, aprendí que en Europa mientras puedas pagar tus clases nadie tiene problemas con que asistas a diferentes lugares.



Cabaret " Mein Herr"

A mi retorno a Bolivia, continúe con mi trabajo como profesora de danza, bailarina profesional y paralelamente comencé a estudiar una Maestría en Comunicación en la Universidad Católica de Cochabamba y desarrollar un proyecto para televisión “Abra K Dabra”


Tenía muchas ganas de bailar en zapatillas de punta, así que busque una academia de ballet que ofreciera clases para adultos principiantes y encontré la academia de la danza Encuentros donde después de un largo año de mucho trabajo finalmente lo logré, fue una de las experiencias más hermosas de mi vida, había conseguido algo que había sonado y mi edad no había importado.


Lamentablemente, tuve que hacer una pequeña pausa en el mundo de la danza debido a mis estudios superiores, pero, para el 2008, retorné con más fuerzas que nunca y comencé a buscar nuevas formas de danza. Así tuve la oportunidad de tomar una introducción a los Bailes de Salón en Buenos Aires Argentina con el maestro Eugenio Dmytrenko , regresé a los escenarios como parte del cuerpo de baile de “Fico’s Show” que estaba bajo la dirección de mi entrañable amigo y pareja de baile Henry Suárez y también comencé a estudiar “Pole Dance” en el estudio “ Espacio G” dirigido por Paola Salinas Inglan, actriz y directora de teatro, que se había enamorado de la danza vertical y la trajo a mi ciudad natal y mi país.


Fotografía: Eduardo Osorio

Finalmente, en el 2014 tuve la dicha de comenzar a trabajar como profesora de bailes de salón para uno de los estudios de la franquicia Arthur Murray aquí en los Estados Unidos, donde, no sólo me entrenaron como instructora en más de 10 estilos de bailes de salón, sino que me dieron la oportunidad de ayudar a otras personas a través de la danza y cambiarles la vida.


Fueron dos años de mucha alegría y aprendizaje. Con mucha tristeza tuve que dejar el estudio porque había decidido dedicarle mi tiempo a mi bebé, pero trabajé hasta la semana 34 de mi embarazo. Seguramente por esa razón mi bebé disfruta tanto de la música y se pone a bailar cada vez que escucha una melodía.

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